
Trabajo -o al menos eso espero- la madera como quien entra en una conversación larga. Sin prisa, pero sin pausa. No me interesa forzarla a parecer otra cosa ni borrar del todo aquello que trae consigo. Prefiero que un mueble conserve algo de su verdad en sus detalles. Busco la unión visible, la pequeña marca del proceso, esa clase de huella que le da carácter a los objetos útiles y cotidianos, acompañando una vida real, también marcada acaso.
En ese camino, he estudiado y vuelto una y otra vez a distintas tradiciones de construcción de muebles, deteniéndome sobre todo en la tradición norteamericana y en ciertas influencias nórdicas que admiro por su sobriedad, su inteligencia material y su atención a la vida cotidiana. Con ello, no busco imitarlas de forma servil -mis muebles en nada se parecen a sus referencias directas-, sino asimilar una manera de pensar: entender el mueble como un objeto útil, con una presencia serena, hecha para durar y para ganar espesor con el tiempo, sin incomodar ni deslumbrar, pero siempre siendo parte necesaria e inevitable de nuestro estar en el mundo. Y luego está la práctica, en la que he ido aprendiendo de maestros locales que pueden transmitir aquello que le resulta imposible a los libros: el uso de cierta herramienta, el truco que les permite asegurar el resultado y que viene dado solo por una experiencia situada -a ellos mis más sinceras gracias y deuda-.
Hago muebles en volúmenes pequeños -a escala íntima, me gusta pensar- porque creo que ahí ocurre lo decisivo. Una silla, una banca, un aparador o un pequeño estante no son meros objetos útiles: reciben el cansancio, la pausa, la costumbre, los libros, la sobremesa, el paso del tiempo. Eso requiere una dedicación certera en estos tiempos vertiginosos y borrosos que son los nuestros. Por eso intento construir piezas que duren, no solo en el sentido material, sino también en el afectivo y así que entren con dignidad en la historia de quienes los usan.
Si he de ser recordado, espero que sea en lo sobrio, en lo hecho a mano, en aquello que resiste sin estridencia y permanece.